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Mi PLANeTA BASuRa

©  WRiTER oN THe MoON

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El impuesto lunar

Mientras esperamos a, según dice Jeanette, aclimatarnos al cambio de condiciones entre Ra y la Luna, (viendo el interior de las calabazas titilar por el viento lunar) la mujer de labios rojísimos ha empezado a hablar y, todo sea dicho, comienza a resultar francamente molesta.

Uno no puede estar en la Luna, después de que la inviten al Gin&Tonic <<Más cañero de todo Madrid>>, la conviden a volar en RA y hablar de toda esta sarta de gilipolleces.

Todo son impuestos, nos cuenta al recordar que aún no ha cobrado, que faltará mañana al curro y que no sabe cómo justificar el día. Según ella, su jefa se pondrá hecha una furia. Me cuenta todo esto como si yo fuera el responsable de que ella padezca semejantes miserias.

Cobro 22.200 euros al año, lo que se traduce en doce pagas brutas de 1.850 euros.

Jeanette asiente.

En neto se me queda en 17.460 euros al año, que son 1.455,03 euros al mes. Los muy cabrones me roban 4.739 euros al año, 394 euros cada mes que se me pierden por el camino.

Ok, digo oteando el exterior en busca del pulpo de Jeanette.

De los 17.460 euros anuales que me quedan limpios para consumir, -continúa erre que erre- si los gasto íntegros, tienes que quitar los impuestos que también aplican a todo.

Bostezo, tengo un dolor de cabeza insoportable.

Llevo trabajando veintitrés años. De los 510.600 euros que he generado, me han robado 109.020 euros. Si resto otro 16%...

¡¡Que alguien me mate!!

Durante esos 23 años de curro, he trabajado las mejores horas del día y de la semana, dedicando 44.160 horas de mi tiempo a un curro vacío de propósito alguno....

El camarero de la misteriosa esencia interior se me echa a llorar. Él dice que su caso es todavía peor, que lleva empalmando contratos temporales desde que dejó de estudiar arquitectura, endeudar a sus padres y a él de por vida por la carrera universitaria y por hacerse arquitecto, de no poder diseñar edificios y de tener que servir al final Gin&Tonics desde hace siete años en el ático de una terraza de Madrid.

Jeanette aprieta un botón de la nave.

La puerta principal se abre.

Y estos dos mueren inmediatamente.

—Tenía que terminar con su miseria—, me suelta Jeanette. —¿Tú crees que eso es vida?

No sé si enfadarme con ella o abrazarla de agradecimiento.

—Anda, ayúdame. Me sirven como nueva decoración— dice Jeanette ilusionada.

Los atamos en unos palos, a modo de espantapájaros y les ponemos calabazas cubriendo sus cabezas.

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Nunca había visto a una persona morir en la Luna. Lo que sucede es digno de ver y de ser escrito. Una ráfaga de viento solar los sacude y los átomos son barridos de sus cuerpos y se esparcen. Unos caen en la superficie de la Luna absorbidos por las raíces de los viñedos, convirtiéndose en hoja y uva.

Otros vuelven a la tierra y nacen como otras criaturas.

Ahora en el pacífico, hay una ballena de labios rojísimos que irónicamente lucha por sobrevivir escapando de los barcos balleneros.

Y un ratoncillo que está impulsando un movimiento revolucionario en las alcantarillas de la ciudad de Manhattan.

Dice tener la respuesta a las inquietudes de su especie, porque tiene recuerdos de una vida pasada.

Mi Planeta Basura sigue regenerándose.

Kintsugi

金 継 ぎ